EL JILOCA, LA GUERRA CIVIL Y LA LITERATURA

“Ay, Jiloca, cuánta pena
lloraste desde tu fuente:
estaban las dos Españas
matándose frente a frente”.

Al igual que en este poema de Lucas Yuste, la batalla de Teruel y el frente que desgarraba de norte a sur el valle del Jiloca aparecen en numerosas obras literarias de autores españoles y extranjeros, desde los años 40 hasta la actualidad. Los más vinculados con nuestra tierra fueron el citado Lucas Yuste Moreno, Ildefonso Manuel Gil y el catalán Avel.lí Artís Gener. También encontramos testimonios de la Batalla de Teruel en películas extranjeras, como L’espoir (La esperanza, Sierra de Teruel), de André Malraux.

LUCAS YUSTE MORENO

La obra del poeta monrealense Lucas A. Yuste Moreno (1925 – 1994) quedó íntimamente ligada a la Guerra Civil, debido a que fue testigo del fusilamiento de su padre junto a once hombres más en las tapias del cementerio de Monreal. Este episodio, acontecido el 12 de septiembre de 1936, queda reflejado en el poema “Doce fuentes”:

Doce pechos: doce fuentes
formando un río de sangre
Doce espigas abatidas
Doce lamentos al aire.

Doce miradas últimas
que se pierden en la tarde
doce gritos desgarrados
doce silencios de muerte.

Doce viudas en sus lechos
vacíos de sus amantes
aún aguardan que la noche
lo diga lo que presienten.

Como gacelas en celo
otean el horizonte
doce esperanzas frustradas
caídas verticalmente.

Allí cerca algunos chopos
que alargándose un instante
van a cubrir con su sombra
los doce cuerpos yacentes.

El cielo gris, las campanas
mudas, sus lenguas de bronce
estáticas sin tañido
para expresar lo que siente.

Cuanto llanto mis pupilas
Lloraron aquella tarde
Estaban las dos Españas
mirándose frente a frente.

ILDEFONSO MANUEL GIL

Ildefonso Manuel Gil (1912-2003) tuvo una gran relación con la zona del Jiloca, puesto que pasó su vida en la cercana Daroca. El inicio de la guerra le cogío en Teruel, donde trabajaba en el cuerpo técnico-administrativo del Ministerio de Educación. Fue encarcelado por sus simpatías republicanas. Durante meses sufrió prisión y estuvo a punto de ser fusilado. La represión y la crueldad quedan bien patentes en este fragmento de su libro Concierto al atardecer:

“El vocerío lo cogió de sorpresa, porque no había oído los disparos. El cadáver del Director de la Normal estaba encima del montón, sangrando sobre los otros, aumentando el reguero que rebasaba ya la columna del becerrico, donde dos guardias estaban desatando al último preso, al que había visto morir a todos los demás, al que habían tenido tantas horas al sol y a las miradas, para que estuviera bien maduro a la hora de llevarlo a la muerte, cuadro final del cuidadosamente montado espectáculo. “ Eso habrán pensado, pero está siendo verdad de otra manera a como ellos querían, porque le han ayudado a morir en la mayor dignidad de la hombría”. Bastaba verlo andar resueltamente, con pasos firmes y largos que lo despegaban de los guardias. En pleno silencio, separó un momento, mirando a su alrededor, y muchos debieron de pensar en la estampa de un torero brindando su toro al público. Su voz llegó hasta los últimos rincones de la plaza: ¡Viva la libertad y mierda para todos ustedes!”.

AVEL.LI ARTÍS GENER

Otro testimonio literario de gran interés es del catalán Avel.lí Artís Gener (1912-2000), que luchó en el bando republicano en la Batalla de Singra. Este ataque fue narrado en su autobiografía titulada Viure i veure (Editorial Portic), descrito como uno de los episodios que más han marcado su vida, pues murieron casi todos sus compañeros:

“Ahora habíamos entrado en una zona del terreno agujereada por muchos riachuelos, que la nieve que ya había empezado a deshacerse hacía caudalosos: el de Pedrizas, el del Regajo, el de Sánchez, el de Carragüeña, de los cuales confiábamos o utilizábamos como protección. No contábamos, aún así, que también había mucha artillería, que nos batiría desde lejos, desde
la Sierra de Almohaja, que se levantaba delante nuestro cerrando el valle de Singra por el oeste, a unos 10 o 12 kilómetros de dónde estábamos. Y desde Singra mismo y desde nuestro objetivo de los Cabezos disparábamos metralletas y morteros, y todo esto sin que nosotros tuviéramos ningún blanco contra el cuál apuntar nuestras armas. Atravesamos en diagonal la carretera que iba a Torre la Cárcel, al sur de nuestro objetivo, y los aviadores no subestimaron la ocasión de ensartarnos poco a poco. Nos paramos en un margen minúsculo, para poder analizar la situación y hacer un doble recuento: de gente y de posibilidades”.

EL FRIO TUROLENSE

El frío fue un combatiente más en la batalla de Teruel, tal y como bien relata Vicente Aupí en su libro El General Invierno y la Batalla de Teruel, y éste fue enemigo implacable de ambos bandos. Su memoria quedó reflejada en numerosos testimonios literarios. Un requeté carlista, Manuel Sánchez Forcada, recuerda en la revista Principe de Viana su paso hacia Teruel en tren:

“Cuando falta poco para amanecer nos llaman en el vagón diciendo que hemos llegado.  Bajamos: es una noche clara de luna, pero con un hielo que espanta. Estamos en la estación de Villafranca del Campo, subimos al pueblo, oímos misa y nos preparamos para descansar, no pudiendo pegar ojo por el constante paso de la aviación nacional que bombardea Teruel”.

El conocido poeta alicantino Miguel Hernández también nos habló del frío en su poema El soldado y la nieve (dentro del libro El hombre acecha), donde el poeta plasmó sus vivencias de la guerra y el invierno turolenses, ya que estuvo luchando en Teruel en la 11º División de Lister:

“Diciembre ha congelado su aliento de
dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados,
como una llama seca desarrolladla
en hilos, como una larga ruina que
ataca a los soldados…”

EL JILOCA, LA GUERRA CIVIL Y LA LITERATURA